Carencia de doctrina
- @profsecundario

- 9 jul
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En la educación pública hay una crisis de vocación porque existe una carencia de doctrina. En su empeño por desacralizar las instituciones, el Estado ha olvidado que no existe nada más sagrado que la defensa de la institución, su propia pervivencia frente a las amenazas relativistas y fragmentadoras. Hoy, la educación pública es un cuerpo sin cabeza, una absurda yuxtaposición de miembros. La desaparición de los símbolos en las aulas (la bandera, la imagen del Jefe del Estado) fue el primer paso en el proceso de borrado de la labor misional que se debe ejercer en ellas. La renuncia del Estado a la transmisión de los principios que justifican su propia existencia, abre el camino a la disgregación de la comunidad política y a la traición a los sacrificios que la han formado y sustentado.
Los profesores somos trabajadores del Estado, pero también para el Estado y, sobre todo, para el cuerpo nacional que lo compone. Somos guardianes de la herencia, pastores de la tradición, chamanes encargados de mantener la llama en el gran mausoleo de la patria. Sin una doctrina compartida, la educación decae en mero servicio administrativo. En pura burocracia insignificante. Porque antes que transmitir conocimientos, la educación pública transmite una idea del mundo y del lugar que el individuo ocupa en él. Cuando el Estado abdica de esa responsabilidad, y los profesores no la asumimos, siempre hay otros que se encargan de ocupar ese vacío. Y casi nunca con buenas intenciones.

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